La Ceremonia

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LA CEREMONIA

                                    En el atrio

de una iglesia

sepultada en el olvido,

un secreto incomprensible.

                                  Dogma

de la Edad Media

y a la razón inaccesible.

                                                  Ceremoniosa,

en el culto se celebra.

Los iniciados aplauden,

la desazón

se revela.

Con dagas, brevas y ungüentos

drama y misterio.

Tiritan las gárgolas,

tiemblan los cimientos,

ya se escuchan ecos en el cementerio.

Los encapuchados

se están desperezando

en el presbiterio.

¿Quién es esa hada?

Si tuviera alas

querubín sería

pero va de negro.

                                             ¿Quién llama?

¡Ay, madre mía!

                                                                 © M. Portos

Te llamaré árbol botella

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Te llamaré árbol botella. Voy a llamarte pan de mono. Y Madagascar escuchará tu nombre.

Mi piel herida tocará los nudos de tu tronco y en época de lluvias brotarán tus hojas como brota la vida y se abrirán flores de pétalos blancos.

Podrás vivir ochocientos o mil años. Y muchos más. Y tu cuerpo de botella recogerá el agua de la bendita lluvia de Madagascar.

Te llamaré baobab y colocaré ofrendas a tus pies para contentar a los espíritus que te albergan.

                                                          © M. Portos

Capadocia en Turquía

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Florecieron los hititas en Capadocia, prestando sus jeroglíficos y escritura cuneiforme.
Paisajes lunares de toba calcárea dejan formas caprichosas. Cavernas naturales son las moradas de los pobladores.
Ciudades subterráneas pintan frescos en las paredes y sirven de refugio y templo. Cárcel para los cautivos capturados por los ejércitos merodeadores del Anatolia.
Tierra de bellos caballos, dados como ofrenda a los reyes Asurbanipal, Jerjes y Darío.
Volcanes llenan de magma barrancas y depresiones.
El imperio cayó y Capadocia oscureció.
Capadocia en Turquía. Visitamos la ciudad subterránea de Derinkuyu. Cuevas ancestrales construidas por los hititas. Ochenta y cinco metros de profundidad en una urbe de seiscientas puertas.
Pasabag, el valle de los monjes. La viña del Pacha y, en medio del viñedo, unos conos volcánicos se elevan junto a la carretera cobijando a unos ermitaños. Chimeneas de hadas.
Valle de la imaginación. Un paisaje lunar con formas animales.
En invierno, un manto de nieve blanquea como una fina capa de sal sus laderas y techos.
Quince globos aerostáticos sobrevuelan Capadocia.
Espérame, Capadocia. Quiero soñar contigo. Quiero ser hitita y combatir por tu belleza, cobijarme en tus moradas y escribir tus leyendas en escritura cuneiforme, grabadas en las depresiones de magma que dejó el volcán Erciyes.
Tus enigmas siguen abriéndose a nuestros momentos.

                                                                                                © M. Portos

La tala ilegal colapsa el ecosistema amazónico

Codrington, Stephen. Planet Geography 3rd Edition (2005)

 

  El comercio de maderas tropicales amenaza a las comunidades indígenas tanto como a la selva.

  Madereros ilegales destruyen los bosques  alrededor de las aldeas de unas poblaciones que han vivido allí de forma sustentable durante siglos.

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Niña Ashaninka en la aldea Apiwtxa, en el estado de Acre, Brasil. © Pedro França/MinC

  Tribus como los Asháninka  ven desaparecer su tierra bajo amenazas de muerte. Varios hombres han sido asesinados a balazos y abandonados en la selva. Su delito: defender su lugar de origen, de vida. Sus viudas denuncian los crímenes contra sus compañeros y contra el medio ambiente, y prometen continuar el trabajo de sus maridos, aunque las autoridades gubernamentales no escuchan.

  El 30 de septiembre de 2014, Edwin Chota y otros tres líderes Ashaninka fueron asesinados a tiros mientras defendían sus bosques. El cineasta Paul Redman quiso homenajear su labor filmando este pequeño documental:

  La tendencia de la tala, de las prospecciones petrolíferas y de la minería del oro parece estar en alza en la Amazonia, desde Perú hasta Brasil. La tasa de desforestación se disparó el año pasado en más de un 25%. China es uno de los mercados que demanda grandes cantidades de madera dura tropical de estas regiones, cuyo precio se ha duplicado en los últimos diez años. Sin embargo, más de un tercio de la madera talada de forma ilegal en Perú se ha exportado a Estados Unidos.

Tribu aislada en el estado brasileño de Acre. - Gleilson Miranda / Gobierno de Acre

Tribu aislada en el estado brasileño de Acre. – Gleilson Miranda / Gobierno de Acre

  La tala ilegal, además de dañar el medio ambiente y destruir los bosques de la selva amazónica, genera violencia hacia las poblaciones indígenas que han vivido siempre en esas tierras y que quedan desprotegidas ante las amenazas de las grandes corporativas madereras, la corrupción política y la pasividad gubernamental. A esto sumémosle la cada vez mayor implicación de redes criminales que hacen trabajos sucios para estas empresas. El panorama no pinta muy halagüeño. Más de 900 cadáveres de activistas que luchaban contra la tala ilegal de los bosques han sido hallados entre 2002 y 2013, tirados en las selvas de Asia y América del Sur.

  La degradación de los bosques y la destrucción de estos valiosos ecosistemas es alarmante. La desaparición de bosques de cedro y caoba debilita las cuencas hidrográficas, altera los patrones climáticos locales y los hace menos resistentes a la lluvia ácida en su adaptación al cambio climático.

  Por otra parte, la degradación puede tener efectos dramáticos para las comunidades que habitan allí. La tala ilegal abre el camino a las grandes manufacturas de las industrias extractivas y la agricultura intensiva, y a la construcción de infraestructuras como carreteras.

  Ni siquiera la madera comercializada con sellos FSC, que tan solo representa un pequeño porcentaje del mercado, garantiza su legalidad y asegura su credibilidad al 100%, pues la corrupción dificulta la verificación de los certificados y no impedirá que se sigan destruyendo bosques por el proceso de tala selectiva.

  Puesto que la corrupción es difícil de erradicar, los gobiernos tendrán que implicarse más por ampliar el número de áreas protegidas y perseguir con mayor dureza la tala ilegal y el crimen forestal, sin olvidarse de establecer sanciones ejemplares a las empresas que blanquean la madera ilegal.

                              © M. Portos

El árbol muerto

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Era una planta perenne, de tallo leñoso, que se ramificaba en extrañas formas erigiéndose al cielo. Su copa estaba vacía, seca. Su piel se caía, se vaciaba por dentro.

Vivió cientos de años antes de perecer, soportando las inclemencias del tiempo en su follaje, soportando la erosión de la tierra que lo mantenía aferrado y lo fijaba para que no cayese.

Era una planta perenne antes de decaer. Religiones y magia le otorgaron importancia: el árbol de la sabiduría. Es el hom o árbol de la vida, con sentido cósmico domina desde el centro del Universo. Sagrado en diversas culturas, esquilmado en otras.

Y quiso el árbol muerto tener una amiga, ahora que no vivía y a nadie importaba. Ella escribía su nombre en su madera muerta y él la llamaba de madrugada. La pequeña, ataviada con ropas vaporosas y sandalias desgastadas corría a contarle sus sueños.

Era una planta perenne que se resistía a quedar en el olvido, tantos años de vida no podían ser en vano. Y lloraba las tardes de lluvia en que ella no lo acompañaba. Y rabiaba los días nevados porque ella no venía y esos copos, insultantes, lo incordiaban mofándose de su soledad.

Él árbol la llamaba: “Ven y dibuja tu nombre”, “Ven y cuéntame un sueño”…y la niña, inclinada por no sabía qué nerviosa sensación, iba corriendo a su encuentro y se abrazaba como en un arrebato al viejo tronco desgajado.

Era una planta perenne, de tallo leñoso. Había muerto hacía tiempo para el mundo, menos para una pequeña criatura de ropas holgadas y sandalias desgastadas. Para ella, esa planta perenne que atentamente la escuchaba contar sus sueños, cobraba vida con cada encuentro.

                                                                     © M. Portos